jueves, 1 de julio de 2004

Musicos en el cielo

Pedro Ángel.
Ana.
Francisco José
y Antonio.


Marchasteis a ese lugar
donde infinito es el tiempo
y aquí se quedaron grabados
vuestros sublimes momentos.

Boquillas y cañas callaron,
vibraron acordes bellos,
se vistió el aire de añoranza
y fuerte gritó el silencio.

¡Demasiado amor,
demasiado fuego!

Y la música sigue sonando,
llenando de amor el cielo,
brota de ella la esperanza y
la vida, que es Dios, está en ellos.

martes, 1 de junio de 2004

Jumilla, mi pueblo

Bajo la sombra de su castillo
está mi pueblo, que vigilante se alza
majestuoso sobre su cerro,
en sus laderas, sus casas-cuevas
bien adosadas, sus calles rectas y paralelas,
y nos protege su hermoso cielo.


De gentes sencillas y acogedoras,
de insignes músicos, grandes poetas,
tierra de escritores y de artesanos,
doctores, bailarines, pintores
y deportistas, juventud sana,
como su vino, como un Jumilla.

De amplios bancales de viñas firmes,
recios olivos, bellos frutales,
escasas lluvias y fuertes aires,
terruño amable y de torrenteras,
cuando sus cielos se tornan grises
truenan con furia y de par se abren.

De casas nobles y señoriales,
hermosas plazas, bellos jardines

con lindas fuentes, sus avenidas y vivos barrios,
fiestas de luces y de alegría,
grandes desfiles, bellas imágenes,
bandas de música, voces corales
y un recoleto teatro Vico


que es una joya de vida y arte.

Los campanarios de sus iglesias,
sus residencias y sus capillas,
y allá en Santa Ana nuestra Abuelica
con el Picacho y el Amarrado,
el monasterio y las gambonitas.

Jumilla y su rica gastronomía,
que bien te ofrecen sus restaurantes,
sus coquetonas cafeterías, hoteles nobles
y gratos bares, Jumilla es rica en comercio libre, supermercados, panaderías, dulces caseros y acogedoras tiendas de calle.

Lo que es más noble y tradicional
donde hay bullicio y de todo encuentras: frutas, verduras, carnes, pescados, ropas, adornos, dulces, salados, zapatos nuevos, pollos asados, los encurtidos, las palomitas y los torrados, huevos, macetas, ollas, cacharros, ajos y especias, y todo ello bien pregonado,
se apañan tratos, aparecen gangas, todo se vende, todo barato y envuelto siempre en aires de fiesta, los días martes en su mercado.

Yo en ti he nacido, tú me criaste,
me has empapado de tus esencias
me has recubierto de tu linaje,
de aquí mis padres, también mi hermano, abuelos, tíos y primos, antepasados
mi esposo e hijos, yernos y nueras, mis nietos, todos mi sangre.

Yo te venero pueblo querido,
bajo tu cielo puedo soñarte,
sobre tu suelo voy caminando
y tengo al Cristo para rezarle,
y cuando acabe ya mi existencia
aquí en tu seno quiero quedarme.

martes, 20 de abril de 2004

Amalia

Sentiremos aquí todos tu ausencia
y más se alegra el cielo de tenerte,
por nada dejaremos de quererte
aunque ya no tengamos tu presencia.

Nuestro tiempo fue trabajo y cariño
y tú siempre disponible y afanada,
compañera responsable y admirada
por tu mano hábil con la aguja y el hilo.

Después sufriste y Dios quiso premiarte,
llevándote con Él en su partida
en su abrazo de amor y de confianza.

Y dormida en su seno para amarte
te elevó con su luz hacia la vida,
la vida de la paz y la esperanza.

viernes, 14 de marzo de 2003

Gritos de paz

¿Para qué sirven las guerras?
Sólo para destruir.
¿Para qué sirven las guerras?
Para matar y morir.
Para quedar mutilados
los cuerpos, los corazones
y desgarradas las almas,
y rotas las ilusiones.
¿Dónde vais hombres valientes,
qué ideal estáis buscando?
Si vais muriendo en el frente
y vais muriendo matando.
Ni triunfan los ganadores,
es un horror inhumano,
hay muchas gentes que sufren.
¿Qué es lo que aquí se ha ganado?
¿Por qué los hombres se empeñan
si al final han fracasado?
Si el arma de la palabra
nunca nadie la ha escuchado.
¿Para qué tanta avaricia,
para qué tanto desorden?
Si al final todo se acaba
nunca triunfarán los hombres.
La paz todos exigimos.
La paz todos deseamos.
Callad por siempre las bombas
pues la paz necesitamos.

sábado, 1 de febrero de 2003

Campos de Jumilla


¡Campos de Jumilla,
repletos de soles,
cuajados de viñas!





Porque del norte hasta el sur,
desde el este hasta el oeste,
en los llanos y en las laderas
y en bancales bien labrados,
ondean hermosas cepas,
cepas, identidad de Jumilla,
que al sol y en tierra secana
sus uvas dan el buen vino
entre lo mejor de España.


Cepas que fueron plantadas
a fuerza de pico y brazos,
cepas que son bien cuidadas
por buenas gentes del campo.

Cepas de cuerpos leñosos
preñadas de sentimientos,
que en silencio con sus lloros
abren borrones al viento,
y harán nacer día a día
uva, pámpanos, sarmientos,
que transformarán la viña
cada año en ciclo nuevo.

Sus manos siempre dispuestas
muy atento el labrador,
cuidará de la cosecha
la llevará a su sazón.

Pendiente de noche y día
con muchas horas sin sueño,
muchos días de trabajo,
de esperanza y de ilusión.

¡Viñas de Monastrell de Jumilla
que la vista te recrean,
si te internas por caminos,
si contemplas sus cosechas,
si recorres sus bancales,
si pisoteas sus tierras!

Cepas de cuerpos leñosos
que sufrís las inclemencias
de los azotes del tiempo,
los pedriscos y riadas,
sequías, vientos y heladas,
y las plagas que nos acechan.

Cepas del fuerte secano
de los campos de Jumilla,
cepas de brazos abiertos
que formáis hermosas viñas.

Cepas que fuisteis plantadas
por nuestros antepasados.
Honores siempre a vosotras,
y honores a aquellos hombres
trabajadores y honrados,
que por siempre iréis unidos
y seréis siempre el orgullo
de los campos jumillanos.

¡Malditos zagales!


Aquellos capazos 
secándose al sol,
aquellos capazos
de pleitas de esparto
cubrían aceras
muy bien alineados.

El amo esperaba
garrote en la mano
porque los zagales
salían del colegio
y pícaros iban
saltando y pisando.

Era la batalla
de todos los años
cuando la vendimia
había terminado.

¡Malditos zagales..!
¡Que bordes, que malos..!
También yo me cuento,
no es que éramos malos
es que nos tentaban
secándose al sol
aquellos capazos,
y había que pisarlos.



martes, 1 de octubre de 2002

Atardecer


Se acaba el día,
la tarde soleada
se ha vuelto
parda y fría.


El sol allá
a lo lejos
se esconde
y juguetea.

La luz anaranjea
y la tímida luna
se asoma a la ventana.

La lumbre en el hogar chispea
y el alma, melancólica,
descansa y se recrea.