miércoles, 25 de agosto de 1999

Camino de la Jimena

Las estrellas en el cielo
el fresco de la mañana
y el carro bien preparado
para emprender la marcha;
la mula termina el pienso
tranquilamente en la cuadra.

Los capazos en las bolsas,
en la “aguaera” el botijo,
el cesto de comida lleno
y el tablero del carro
mi padre, bien nos prepara
unos cómodos asientos
para hacer mejor camino.

Mi madre, mi hermano y yo,
el mulero de nombre “Mariano”
y también esa mujer tan valiente
que se llamaba Pascuala,
mujer muy trabajadora,
que no se dormía en las ramas.

Mi padre era albañíl
y si en ese momento
la faena flojeaba,
también venía a vendimiar
algún obrero.
Yo recuerdo ...
al “Calabrés” o a Pepe o a Miguel ...

Más montados en el carro
desde la calle Carretas
que era donde yo vivía
recuerdo allá en la esquina
en la carretera de Yecla
una “perica” alumbrando;
no había más...
Eran los años cincuenta.

El camino era largo
y al paso de las mulas
llegamos a la Jimena.
Y las cepas bien hermosas
por que entonces sí llovía
en Jumilla,
que es tierra de secano
buenas cosechas había.

Cuánto habéis madrugado
parece que nos decían
pues al llegar al bancal
iba despuntando el día.

Y ese olor a hierva fresca
y esos pámpanos mojados
y esas gotas de rocío,
en esas uvas blancas, negras,
y esas de color violeta
de algamía se llamaban,
la delicia de las mesas.
Las negras de monastrell
de donde nace ese vino,
ese vino, de mi tierra.

Por entonces, del secano se vivía,
se sembraban los bancales
y se recogían los granos
con las lluvias que caían.

Algún año apederaba
se perdían las cosechas
más la tierra se calaba.
¿Y qué es lo que pasa ahora?
¿Qué intereses hay ocultos?
¿Y quién domina las nubes
para que aquí nunca llueva?
Que no me digan a mi
que no hay poder ni maldad
que no hay intereses creados
que piensan en uno mismo
y olvidan a los demás.
¡No son ciclos naturales!
Es la avaricia de unos pocos
que nunca piensan jamás
en lo que habrá de venir
a no mucho que esperar.

No sé a quien yo pidiera
este problema arreglar ...
Repasando las conciencias,
quizás se pueda encontrar
la solución a este drama,
de nuestros campos secanos
que se mueren sin piedad.
Desarrollado está el mundo
más no existe la igualdad
el poder es el que triunfa
a costa de los demás.

Para vivir no hace falta
tanta riqueza amasar
si al final aquí se queda,
no te la puedes llevar.

“Yo recuerdo aquellos años
en los que pocas cosas había
y que éramos felices;
con la brisa mañanera,
con las lluvias que caían,
con las gotas del rocío
y el olor a hierba fresca,

¡CAMINO DE LA JIMENA!”

No hay comentarios:

Publicar un comentario