
Las sombras de la mañana me acobijaban,
y en el cielo el sol iluminaba el camino.
Los mismos pensamientos me acompañan;
otra vez iba a veros, me decía,
y con esa esperanza yo caminaba.
Más llego a la puerta y me estremezco,
pues como siempre... no puedo veros.
Sólo puedo leer vuestros nombres
escritos un una piedra negra y fría.
Estoy aquí delante de vuestra tumba
y no puedo abrazaros ni daros besos;
sólo a mi me consuela poder rezaros.
Una Salve a María y un Padre Nuestro...
después me vuelvo como otros días
llevando conmigo vuestros recuerdos;
vuelvo caminando y como siempre
mi pensamiento dice volveré a veros:
Hasta otro día.
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